Había una vez un sacerdote de alta graduación que sedujo a una mujer bastante más joven que él y de ese romance nació un niño. No estoy resumiendo la novela de El pájaro espino, sino las últimas noticias que están llegando de Paraguay.
Durante la última semana no han pasado dos días sin que al presidente Fernando Lugo le saliese un hijo nuevo. Una parte del mundo está escandalizada, porque hasta hace bien poco este señor no sólo decía no tener descendencia, sino que además era obispo y se suponía que había hecho voto de castidad.
Este último detalle se queda en eso, en un detalle, porque la historia ha dado más de un caso (y más de dos y de tres) de religioso a quien todos llaman padre, menos sus propios hijos, que llaman tío. Más que documentada, película incluida, está la historia de la familia Borgia, por poner un ejemplo. Por eso la otra mitad del mundo, entre los que me incluyo, no se sorprende.
El señor Lugo no es, ni mucho menos, Richard Chamberlain en El pájaro espino, pero esas mujeres algo le habrán tenido que ver, aunque sólo sea el poder (político o eclesiástico) que atrae a mucha gente. No voy a entrar a valorar lo que el presidente de Paraguay tiene que hacer con su vida privada ni soy defensora de los valores de la iglesia católica (institución que podría perfectamente calificarme a mí de pagana y pecadora), pero que se monte semejante escándalo por este tema me parece extralimitado.
Y con este pequeño post inauguro una nueva categoría, que no sé aún lo prolífica que resultará, con reflexiones de todo a 1 euro sobre la actualidad internacional.
