Category: Literatura a mi manera

November 25th, 2007

Sinterklaas y Zwarte Piet viven juntos en Madrid

Lo malo de integrarse en un país es que te invitan a fiestas. Bueno, eso no es malo, pero implica determinadas cosas. Por ejemplo, que si la fiesta es la de Sinterklaas, ya te puedes ir preparando para escribir un poemita. Y no uno cualquiera, sino uno sobre el regalo que haces, la persona a la que se lo das, y para colmo en holandés. Con la prosa me apaño bastante bien, pero la poesía es el don que el cielo me negó.Sinterklaas

A todo esto, no he dicho quien es Sinterklaas ni de qué va la cosa. Sinterklaas es un tipo con barba, vestido de obispo del año catapún, con su báculo y su mitra incluidos. Le acompaña un séquito de pajes negros, que curiosamente se llaman todos igual: Zwarte Piet, es decir, Pedro el negro. Todo muy políticamente correcto.

Según el relato tradicional, Sinterklaas trae regalos a los niños Neerlandeses y Belgas la noche del 5 al 6 de diciembre. A diferencia de su colega de profesión Papá Noel, Sint (como le llaman los amigos) vive durante el resto de año en Madrid. Y es que para qué irse a vivir a Laponia con el frío que hace, cuando puedes disfrutar del sol español. Lo que no sé es a quién se le ocurrió la peregrina idea de que Sinterklaas fuese desde Madrid a Holanda EN BARCO. Por que, a ver, los reyes magos tienen que ir un poco incómodos en el camello, pero físicamente el recorrido se puede hacer (y tiempo de sobra tienen porque no hacen nada el resto de año). Pero cualquiera que mire un mapa puede ver que es IMPOSIBLE ir en barco desde Madrid a cualquier sitio. Aunque bueno, con esto del cambio climático lo mismo dentro de unos años podemos hablar de la playa de Aranjuez, por ejemplo.

Sinterklaas y Papa Noel de vacaciones en la Costa del SolPero a lo que iba, que para la fiesta de Sinterklaas tengo que escribir un poema para una persona a la que he visto una vez en mi vida (nos han repartido en plan “amigo invisible”). Este ultimo dato lo complica todo un poco más, porque una cosa es no saber rimar, y otra no saber qué decir.

El otro día intenté escribir un par de versos, pero no había forma. Así que llamé al “servicio de emergencias”, es decir, a mis compañeros de piso. Nos llevó un rato, pero al final sacamos algo más o menos “apañao”. Me incluyo yo también en el proceso, porque yo miraba y opinaba mientras ellos escribían. Trabajo en equipo, como debe ser.

Fue en ese momento cuando me di cuenta de que los holandeses tienen una forma totalmente diferente de rimar. Había cosas que a mí me parecía que pegaban bien, mientras que ellos decían que no rimaban nada. Escarbando en mi memoria intenté explicarles lo de la rima asonante, los versos libres y cosas por el estilo, pero no colaba. Así que pasé de discutir y dejé que rimasen ellos como les diese la gana, porque, total, yo no soy Quevedo y la persona que lo va a leer posiblemente sea tan cuadriculada como mis holandeses caseros.

Ahora me queda la incógnita de qué será lo que han escrito para mí… Lo veremos la próxima semana.

January 8th, 2007

Embrujada por Harry Potter

Uno de mis propósitos para el año nuevo era estudiar mucho en enero mientras aún durasen las vacaciones de navidad, para luego no estar tan agobiada cuando se reanudasen las clases. Qué ingenua. Mi propósito se vino abajo el segundo dí­a del año a causa de un grave error.

Harry PotterEse dí­a, con toda mi buena voluntad y con el propósito aún en mente, me fui a la biblioteca a estudiar. Hasta ahí­ todo iba bien. Pero ocurrió que en uno de las pausas de mi jornada de estudio se me ocurrió darme un paseo por las estanterías de la biblioteca y ahí­ lo vi. Llevaba meses evitando encontrármelo para no engancharme y no distraerme de mis obligaciones. Intenté resistirme, pero fui débil y lo tomé entre mis manos: el sexto libro de Harry Potter, en versión original. Con la excusa de que dentro de dos semanas tengo un examen de inglés lo tomé prestado para llevármelo a casa, con la firme convicción de dosificarme su lectura. Pero fue inútil, no pude. Los encantos de Harry Potter fueron más fuertes que yo y en cuatro días ya me habí­a acabado las 600 páginas que ocupa.

No sé que tienen los libros de Harry Potter para que me enganchen tanto. Cuando empiezo uno se convierte en una droga que no me deja parar de leer hasta que lo acabo. Pero me pasa sÃóo con los libros, porque las pelí­culas que han hecho sobre ellos no emocionan. De hecho la de la piedra filosofal me pareció un verdadero tostón.

A pesar de todo, el peligro ya ha pasado. El siguiente y último episodio de la saga aún no ha salido al mercado. Incluso he oí­do que la Rowling aún no ha terminado de escribirlo. Aunque quiera, Harry Potter no me va a distraer más este curso. Dicen que saldrá publicado en Julio, y para entonces espero haber terminado la carrera.

October 20th, 2006

Érase una vez…

Esta semana en la clase de neerlandés de la escuela de idiomas hemos visto el tema de los cuentos. Hacía mucho tiempo que no me paraba detenidamente a escuchar un cuento clásico y estos días me he dado cuenta de muchas cosas que antes no había visto.

 

Príncipe necrofílicoMuchos cuentos tienen varias versiones. Por ejemplo, una vez encontré una en la que Blancanieves no se despertaba por el beso-boca-a-boca del príncipe, sino que vení­a un oso, tiraba el ataúd, Blancanieves caía al suelo y del golpe se le salía el trozo de manzana de la boca. Y el príncipe, que pasaba por allí­, aprovechaba la coyuntura para se ligarse a la recién reanimada Blancanieves. Otro final que he oí­do de este mismo cuento asegura que es el príncipe quién al ver la Belleza de Blancanieves, ya en su ataúd, se enamora de ella y pide permiso a los enanos para llevársela con él. Los enanos acceden y cuando los lacayos del príncipe van a levantar la caja, esta se desequilibra, la difunta cae al suelo, el trozo de manzana se le sale de la boca y se despierta. De esta última versión del final, a mí me llama la atención una cosa: que el prí­ncipe se quiera llevar el cadáver de Blancanieves porque se ha enamorado de ella. No sé que opinareis vosotros, pero eso en mi pueblo se llama necrofilia.

 

rey ranaBuscando un cuento para contar en la clase, me encontré con “El rey rana”. La creencia popular es que el monarca sale de su encantamiento gracias al beso de una joven princesa, sin embargo yo encontré un final que en nada se parecí­a a ese. En mi versión del cuento, sacada de una recopilación de cuentos de los hermanos Grimm, no había besito para la rana, sino que la princesita estampaba al pobre anfibio contra una pared, reventándolo, y así­ se rompía el hechizo. Ahora en tiendo por qué no he visto nunca niñas besando ranas, pero en cambio sí­ he visto a más de un grupo de escolares reventándole las tripas y los sesos a una rana. Está claro, ellos conocían la versión del cuento de los hermanos Grimm.

 

Del cuento de la rana, en el que la princesa no hace caso a la rana hasta que no se convierte en un apuesto joven, podemos pasar al de “El patito feo”. Se suele decir de estos dos cuentos que intentan demostrar que incluso hasta el más feo puede un día convertirse en un bellezón. Sin embargo, mi lectura más reciente de la moraleja de estos dos cuentos es que nadie te va a hacer caso hasta que no seas el/la más guapo/a del reino.

Desde luego, la superficialidad de la sociedad no es algo exclusivo de nuestros dí­as.

September 19th, 2006

Don Juan Tenorio

 

Pues señores, heme aquí­ que a mis veintitrés primaveras no me había leído yo Don Juan Tenorio. Hasta la fecha de hoy.

La historia conocida es por todos, siendo el Tenorio, uno más de los donjuanes de la tradición literaria castellana. Si don Tirso de Molina, antes de convertirse en estación de metro, recogió unos siglos antes el mito del conquistador en un drama barroco, José Zorrilla envuelve a su zorrón en una obra romántica. Pero con romántico refiérome yo sólo a la corriente artí­stica, puesto que, a mi entender, Don Juan Tenorio, más que romántico es un c**brón.

No es al protagonista a quién critico, ya que es su caradura la que le salva en más de un aprieto. Que si no es un honrado sujeto, al menos da la cara por sus fechorías, con el empeño de ser por ellas reconocido. Si el miente y engatusa, con la fama que tiene, mayor es la culpa de las damas por creerle, que la suya por mentir.

Doña Inés, doña perfecta, y por tanto, doña sosa. Aunque en realidad, no es su culpa, sino la de don Gonzalo, su padre y un manipulador más. ¿Es que no sabe acaso este hidalgo, que cuanto más inocente e inexperta sea la niña, más influenciable a los encantos de don Juan será? Blanco y en botella. Nuestros antiguos pecaban a veces de inocencia.

No le quito mérito a la obra, pues la historia su encanto tiene además de que entretiene. Sin embargo, tanto lío con doña Inés y su virtud, que al final no llega a perderla en ningún momento. Don Juan Tenorio, si a la dama capturas y enamoras, y su padre a tus manos la vida pierde, qué menos que un besito… pero ni eso.

Que puede ser la moraleja que el que todo premio es capaz de alcanzar deba morir sin conseguir el más preciado de todos, no obstante y de cualquier modo no es mi intención profundizar hasta ese punto, ni siquiera moralizar. Pero no quisiera yo dejarme en el tintero a otro Don Juan menos zalamero y de más profundidad: el de don Gonzalo, no el padre de doña Inés, sino el señor Torrente Ballester.