Me he comprado unas tijeras de entresacar. De esas que cortan unos pelos sí y otros no. Y me muero por probarlas. Soy de esas personas que en cuanto se compran algo tienen que estrenarlo inmediatamente. No puedo evitarlo, va en mi naturaleza. Es la emoción del juguete nuevo.
Así que ahora estoy deseando que le crezca rápido el pelo a mi hermano para poder usar mis nuevas tijeras. Tiene que ser él, es el único que me deja acercarme a su cabeza con unas tijeras. Bueno, él y mi madre, que a ella también le van los cortes con emoción, pero como tiene menos volumen y el cabello más fino no me da material para usar las tijeras de entresacar, que lo que hacen es descargar peso y quitar volumen.
También he pensado en probarlas con mi propio pelo, que tengo materia prima suficiente para practicar, donar para varias pelucas y aún así no me quedaría calva ni de lejos. El problema es que sólo me apaño para la parte delantera, del flequillo y el desfilado. En la zona donde no tengo campo de visión no me atrevo, no soy tan temeraria. Mañana igual me doy un repasito en el flequillo, que empiezo a parecer un viejo pastor inglés , pero sólo ahí.
He visto gente que se corta el pelo a sí misma. En Youtube hay mogollón de vídeos “how to” de cómo cortarse uno mismo las melenas, pero no me fío de mi propia destreza, al menos al nivel que tengo ahora de habilidad con las tijeras. Porque yo puedo ser muy mañosa a veces, de hecho en lo de cortar el pelo soy autodidacta, pero tengo limitaciones.
Mis carencias teóricas en cuanto a técnicas de corte estoy intentando suplirlas con Youtube; una vez más, esa fuente inagotable de conocimiento. He descubierto que hay multitud de vídeos, principalmente de cursos a distancia, en los que explican paso a paso cómo debe uno manipularle las greñas a la gente y son realmente interesantes.
No sé, a lo mejor soy una artista/estilista en potencia y estoy perdiendo el tiempo con el periodismo. No creo, pero nunca se sabe. Tal y como está el mundo con la crisis, nunca está de más abrirse ventanitas, por si te dan con la puerta en las narices.

La segunda vez no ha sido por gusto (de hecho la primera tampoco), sino para elegir los cortes que se iban a emitir. Al acabar me he dado cuenta de que aún me quedaban muy largos de tiempo, y para remediarlo me he puesto a recortar a machete las pausas entre las palabras. Y bueno, aparte de que así he logrado reducir un buen trozo, he conseguido hacer el discurso legible, que no lógico, porque eso ya queda fuera de mi alcance. Y visto el resultado he hecho lo mismo con las de José Blanco. Y ha pasado tres cuartos de lo mismo. Parecían personas normales hablando. Y pensar que los políticos pagan para aprender a hablar así…



