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Aleluya para hoy
Hallelujah
Hace un tiempo cuatro noruegos se juntaron para cantar en directo una canción en un programa de televisión de su país y el resultado fue esta maravilla de versión del clásico de Leonard Cohen:
Por orden de aparición, los intérpretes son:
- Espen Lind (en España se le oyó bastante hace unos años con “When Susanah cries”)
- Askil Holm
- Alejandro Fuentes
- Kurt Nilsen (este ganó, creo, la primera edición de Idols a nivel mundial)
Cara y cruz
Me considero una persona afortunada. Tras terminar la carrera no llegué a estar dos meses en el paro. Ahora tengo un trabajo que me gusta, en el ramo de lo que he estudiado y en una buena empresa. Siempre hay cosas que pueden mejorar, pero en este aspecto el balance me sale positivo.
Sin embargo, a veces tengo miedo. Me asalta el temor a perder la referencia con la realidad. Con las magnitudes del mundo real, no el que nos muestran los medios.
Tratar todos los días con informaciones sobre terremotos, catástrofes naturales, cantidades de dinero exorbitantes, grandes cifras de muertos, etc., puede hacer que una persona pierda la capacidad de asombro o, mucho peor, la sensibilidad.
Y ese temor del que hablo me asalta sobre todo cuando veo que para que trascienda una noticia acerca de una catástrofe en China tiene que haber más de 200 muertos, que si no hay foto las protestas multitudinarias en algún pueblo de Guatemala dejan de publicarse, que vale más un herido en Francia que 300 muertos en Sudán, que el último descalificatvo un día cualquiera entre Clinton y Obama tiene más peso que la aprobación de una ley contra la violencia de género en Centroamérica.
Y sé que existen parámetros establecidos para graduar el valor de las noticias, como la proximidad geográfica y cultural, la relevancia del personaje, lo excepcional frente a lo cotidiano, entre otros, pero en la vertiginosa sociedad de la información corremos el riesgo de perder las referencias. Sobre todo los que trabajamos en ese círculo y le llevamos la información a los demás.
Ya lo dije una vez hace algunos meses, pero reitero mi postura. Es muy fácil salir del trabajo y llegar a casa, en un ciudad en paz, a una mesa con comida, y olvidarse de lo que has visto/oído/leído/escuchado/escrito durante la jornada laboral. Tener la impresión de que porque queda lejos e interrumpes la comunicación el problema que te han contado desaparece. Y en cierta medida es bueno poder tomar distancia de las cosas, porque de lo contrario el gremio periodístico sufriría los mayores índices de baja por depresión, pero siempre sin perder de vista la frontera de la sensibilidad.

Que ni sé cuando es de día, ni cuando las noches son
A tal grado de desorientación creo que no llego, pero un poco descolocada temporalmente si que estoy. Es lo que tiene trabajar de noche.
Fue una primera jornada laboral un poco rara. Entre el descoloque horario, el dolor de estómago que me atacó desde la tarde anterior, los pequeños nervios por empezar en un sitio nuevo y todas las cosas nuevas que me explicaron y que tengo que aprender a usar lo antes posible, estuve un poco desorientada. Pero es normal.
Rectificación
Que dice mi broer, también llamado hermano mayor, que qué pasa que no le he mencionado en el texto de los diques. Al parecer a veces padezco deformación profesional y escribo cosas, según él, un tanto asépticas e impersonales. Bueno, pues ahorra lo arreglo.


Pie de foto: hermanos garcía haciendo el tonto en el parque temático montado alrededor de los diques. Se supone que estamos levantando pesos con poleas.
Todo sea por tener contenta a la familia…
