Hace unos días dije que estaba contenta. Bueno, pues lo repito. En el casi-mes que llevo en Holanda el balance es positivo, sin lugar a dudas.
Esta semana ha sido un poco agotadora, pero me refiero a ese agotamiento que no te importa padecer porque lo disfrutas. El miércoles estuve en La Haya en una conferencia internacional sobre las pandillas callejeras en Centroamérica, también conocidas como “maras”. Para poder instalar los cacharros del sonido y demás equipo para grabar también en imagen, teníamos que estar allí a las 8 de
La conferencia duró todo el día y contó con representantes de diversos países de Centroamérica, de Holanda y de EEUU. Yo veía al 95% de los asistentes sentaditos y concentrados, con los auriculares para la traducción simultánea y me sentía bien, porque no necesité en ningún momento ponerme los míos. Podía escuchar, entender y tomar notas en inglés, en holandés y en español. Por fin desgaste mental que sufrí tomando apuntes durante el erasmus en Amberes daba sus frutos.
La conferencia, interesantísima. Aprendí muchísimo, lo cual tampoco era muy complicado, porque yo de ese tema no tenía ni idea. Eso sí, en la parte del debate los organizadores la cagaron por completo. No ocurrió ninguna hecatombe, ni se fue el sonido ni nada eso. Lo que pasó fue que habían contratado al peor moderador del mundo mundial. En mi vida he visto un debate más incoherente. El tío era muy desenvuelto con el micrófono, y se daba paseos por la sala y la comunicación no verbal la controlaba bastante bien, pero en cuanto a la línea argumental, dio una clase magistral de cómo no debe ser un debate. Concedía la palabra no en función de quién pudiera responder mejor o quién quisiera intervenir, sino en función de donde estuviese sentado cada invitado. Así no había manera de que se formase un diálogo con sentido. Y luego los comentarios que hacía,… que se notaba que mucho no se había documentado, porque para decir cosas de esa profundidad podían haber puesto a cualquiera, incluso a mí.
Los dos días siguientes los pasé escribiendo un resumen con las ideas más importantes del encuentro para ponerlo en la página web de


Volví y me encontré Madrid abierta en canal, con todas las tripas por fuera, sobre todo en la zona de Príncipe Pío. Si me dijesen que hemos retrocedido 3000 años y que justo ahí están construyendo las pirámides, no me costaría mucho creérmelo. Quizá la parte que menos me encajaría sería ver a los obreros con los chalecos fluorescentes y la ropa de trabajo, en lugar de la faldita egipcia, que por otro lado, sería mucho más cómoda con este calor. Por esas cosas de la indumentaria, los obreros me recuerdan más a esos muñequitos verdes de Fraggle Rock (¿Curris?) que no dejaban de construir con palitos. Si suena un poco a alucinación debe ser que el calor me está afectando.
A pesar del calor, y de la ironía que puedan desprender los anuncios de compresas al respecto, en verano me gusta ser mujer (durante el resto del año tambien, pero en verano aún más). Quien crea que sigo delirando, sólo tiene que darse una vueltecita cualquier día de estos por, pongamos un ejemplo, las cercanías de Plaza Castilla o a lo largo de la Castellana. Si es durante las horas del medio día mejor. Porque a George Clooney en el anuncio de Emidio Tucci el traje le quedaba clavado, pero claro, seguro que en el estudio de grabación tenían aire acondicionado. Los caballeros que tienen que ir en traje a las tres de la tarde en pleno julio no tienen tanta suerte. Da calor sólo mirarlos. Y sí, en invierno se cambian las tornas, pero si hace frío te puedes poner un abrigo, en cambio si hace calor y tienes que llevar traje de chaqueta y corbata…