Vacaciones, viajar, aventuras,… son cosas relacionadas normalmente con el verano. Este año me temo que no me va a tocar vivir nadad de eso en la época estival. Aún así, estoy experimentando algunas de las sensaciones que se viven en esas situaciones.
Cuando te vas de vacaciones te puede dar una insolación, o la diarrea del viajero, o el mal de altura, o te puede picar una medusa, por poner algunos ejemplos. Bueno, pues yo tengo jet-lag, y sin moverme de casa. A ver quién supera eso.
Después de más de tres meses trabajando por la noche ya estoy lista para mudarme a Australia. No quiere decir que lo vaya a hacer, pero mi organismo ya está más que preparado. El problema quizá sea mi fobia a las serpientes, y me han dicho que en las antípodas hay mucho bicho raro. Pero, vamos, que con un poco de terapia todo es ponerse.
Pero volviendo al tema del jet-lag, ya que no me voy a mudar a Australia (una pena, lo sé), estoy descubriendo otro mundo. Por lo general, ni los días que libro logro dormirme andes de que amanezca. Cuando trabajo no es un problema, sino todo lo contrario, pero cuando me quedo en casa la cosa ya toma otro cariz.
Como no me puedo entretener pasando la aspiradora (mi familia y mis vecinos no me lo perdonarían), ni yéndome de paseo a disfrutar del sol, me he aficionado a ver películas. No me paso a las series porque bastante tengo con tener que esperar al año que viene para ver la quinta temporada de perdidos. No me quiero enganchar a ninguna más. Así que como decía, veo pelis. Y resulta que el youtube es como un videoclub, solo que tienes que ir buscando los trocitos de la peli. Además, mi preferencia por la versión original lo pone todo más fácil. Como muchas películas ni siquiera tienen subtítulos, es como hacer un master nocturno en comprensión auditiva de inglés. Para que luego digan que navegar por Internet es perder el tiempo.
El mundo de la radio nocturna también tiene su cosa, pero aún no he encontrado nada que me enganche. Los programas sobre fenómenos paranormales o a los que la gente llama para contar sus penas y luego añadir “pero no quiero que nadie lo sepa” (que entonces ¿para qué llaman a la radio?) no son mi fuerte.
De manera que por ahora seguiré con las películas. Tras unos días con el ánimo un poco ñoño en los que me he tragado casi entero el ciclo Jane Austen, creo que me voy a pasar a los clásicos. ¿Alguna sugerencia?