June 20th, 2009

De tamaños, batallas y amish

A los estadounidenses les gusta decir que viven en un gran país y, en parte, tienen razón, aunque sólo sea por el tamaño. Todo es grande, desde el bote de champú de litro y medio en el súper, a la vejiga de mi compañera de asiento en el avión, que en 8 horas y media de vuelo no se levantó ni una vez a mear (y eso que no paraba de beber agua).

Las distancias también son enormes. Lo que en el mapa parece que está a tiro de piedra, después se convierte en un mínimo de tres horas en el coche. Por eso, y para evitar el estrés de hacer turismo por las grandes ciudades, en este viaje he decidido concentrarme en un área más local: el estado de Maryland y alrededores. ¿Por qué ahí teniendo tantos sitios para elegir? Pues porque ahí es donde vive mi hermana, en su pequeño pueblo-campus Dharma, en la periferia de Baltimore.

Con el pueblo Dharma como campamento base, he visitado algunos sitios interesantes en los cuatro días que llevo en los States. Por ejemplo, Gettysburg, localidad del estado de Pensylvania (que de pequeña me sonaba siempre a Transilvania, pero que con el tiempo he aprendido que no es lo mismo). Allí tuvo lugar una de las batallas más importantes de la guerra civil estadounidense (1861-1865) y donde poco después Abraham Lincoln pronunció uno de sus discursos más importantes.

Los terrenos circundantes al área urbana de Gettysburg (pueblo con toques pintorescos), son impresionantes. Bosques frondosos y verdes praderas se extienden hasta donde alcanza la vista, y a través de ellos hay organizada una ruta donde los visitantes (la mayoría en coche, esa extremidad adicional sin la que no pueden vivir el 99% de los estadounidenses) pueden recorrer los lugares más importantes de la batalla. Todo ello “decorado” con unas cuantas barricadas de madera, un par de torres vigía (ya más modernas), multitud de monumentos en honor a los soldados de ambos bandos y unos cuantos cañones del siglo XIX, que en lugar de lanzar bombas ahora dan cobijo a proyectos de pajaritos. Sin duda, una función mucho más gratificante. Pero, pollitos aparte, es curioso ver cómo un vestigio de una guerra civil ha llegado a convertirse en símbolo de unión nacional.

Otro sitio curioso donde he estado es pueblo de Intercourse (cuyo significado en inglés da lugar a más de un chiste jocoso). En este pueblo, y en algunos más del condado de Lancaster, vive una cantidad significativa de familias amish. Los amish son un grupo religioso que, entre otras muchas características, es contrario al progreso tecnológico, como el uso de electricidad o los automóviles, y siguen la moda de hace 300 años. Muchas películas han intentado retratar su estilo de vida, con su barbita (ellos), sus gorrito de paja y sus carros tirados de caballos, como en Único Testigo, de Harrison Ford.

Esa es la teoría. La práctica debo decir que es otra cosa. Hoy se me ha caído un mito al ver un amish con su barbita, su gorrito, y su ropa de hace 300 años sentado al volante de un coche actual y hablando por un teléfono móvil. Que supongo que habrá muchos que sí sigan sus creencias a rajatabla, pero también entiendo que debe ser complicado vivir aislado del mundo que te rodea y decirle a tus hijos que gran parte de lo que ven en la vida de sus vecinos va contra sus creencias.

Pero uno de los sitios que más me han cautivado hasta ahora ha sido un pequeño puente que encontré tras haberme perdido a las afueras de Gettysburg. Era una construcción de hierro y madera situada sobre un río y rodeada de vegetación. Desde el centro se veía como los rayos del sol al atardecer adornaban una rama de un árbol que, como una diadema, coronaba el caudal del río. A veces, donde casi todo impresiona por su gran tamaño, lo que más impacta son los detalles más pequeños.

Aún me quedaré 10 días más en el Nuevo Mundo. Seguiré contando.

May 18th, 2009

Todas as ruas do amor (Flor-de-Lis)

Ni noruego, ni poyeya, ni nada… la canción más bonita de este año (y en mucho tiempo) de Eurovisión era la de los portugueses.

Cada vez que la escucho me gusta más :-)

May 12th, 2009

May the Force be with you

Veintiséis años después (los que tengo yo, porque la peli tiene más) por fin he entendido la historia de La Guerra de las Galaxias. Había visto las tres primeras películas ( o las tres últimas, según se mire) alguna vez de pequeña cuando las ponían por la tele, pero nunca conseguía que me enganchasen ni retenían mi atención. Me aburrían un poco.

Alguno se habrá echado las manos a la cabeza después de haber leído esto último, pero mi caso se suele dar con cierta frecuencia si no se consigue seguir el hilo de la historia. Muchos personajes, muchos lugares inventados, bufff… un lío.

Hoy, después de ver la sexta parte (o la tercera, según se mire), La Venganza de los Sith, por fin empiezo a pillar cosas y a cogerle gustillo al culebrón familiar de los Skywalker (que no son parientes de George Walker Bush, aunque haya tintes imperiales y guerras de por medio). Y ahora mi pregunta es ¿no hubiera sido más fácil contar las cosas en orden desde el principio? Aunque supongo que ese es parte del encanto de la saga.

Además, otra pequeña pega de rodar las pelis al revés, aunque le reconozco gran mérito, es que si distan 30 años entre el episodio IV y el III, los efectos especiales se resienten que te cagas. Para su época eran una pasada, pero por mucha limpieza digital que le hagan, los disparos de Luke parecen pintados a rotu si los comparas con los tiros que pegaba su padre cuando no levantaba tres palmos del suelo. Y eso choca aún más si consideras que los de Luke son, en teoría, cronológicamente posteriores a los de Anakin.

Las ensaimadas capilares de la princesa Leia merecen también comentario aparte, pero eso aún tiene un paso porque la moda sí puede involucionar. Sólo hay que ver el actual retroceso hacia el mal gusto con el regreso de las hombreras, los cardados de pelo y la moda en general de los 80 (que mezclado además con determinados aires chonis ya sí que tienen muy mal arreglo).

Todo esto que estoy diciendo no supone una crítica negativa. Para nada. De hecho ahora tengo pensado repasarme los episodios IV, V y VI para terminar de captar los matices de la trama. Una vez puestos, ya hay que hacer las cosas bien.

Y con esto y un bizcocho… que la fuerza sea con vosotros. O para los que vemos cine V.O.S., may the Force be with you.


May 3rd, 2009

Esquíiiiiiiiii

Ayer estuve en Xanadú, que no es la mansión de Ciudadano Kane donde el viejo aquel murmuraba el nombre de un trineo, no. Es un centro comercial de la provincia de Madrid al que se tarda mogollón en ir, no porque esté lejos (está relativamente cerca de Alcorcón) sino por los atascos que se montan a la entrada y salida del susodicho.

Bueno, pero no fui de compras, sino a pasar frío y rebozarme por la nieve. Esto último no fue a propósito, que conste, pero es que lo que yo hice no sé si se puede denominar esquiar. Me pasé más tiempo en el suelo que deslizándome por las pistas. Pero sigo viva, no tengo nada roto, me lo pasé como una enana y me reí mucho (principalmente de mi misma), y eso es lo importante. Llegué a casa un poco cansada, porque, no sé cómo será esquiar en serio, pero estar levantándose del suelo cada dos por tres es agotador.

El sitio la verdad es que lo tienen muy bien montado y el personal es muy amable. Puedes alquilar la ropa y todo los artilugios, aunque corres el riesgo, como yo, de tener que cambiar de prenda varias veces. La maldición de las tallas me persigue más allá de las tiendas. Al principio la chica que daba la ropa me debió de ver muy grande, porque me dio un pantalón XGG, que es una talla que yo no conocía, pero que he descubierto que caben dos “yo’s” dentro con facilidad. Eso sí, me quedaba un poco corto. Vale, sí, soy grande, pero no a lo ancho, sino a lo largo. Así que luego me la cambiaron por una XL de hombre, que ya me quedaba un poco mejor. Yo y mi lado masculino con la ropa.

Me ha gustado mucho la experiencia, aunque creo que tardaré en repetirla. Espero que para entonces ya se me hayan quitado las agujetas (que, por cierto, no han tardado ni 24 horas en aparecer).

*Actualización (18:09): Tengo agujetas hasta en las pestañas

April 30th, 2009

Sólo nos queda el amor

Salud, dinero y amor, dicen que son los tres pilares de la felicidad.

Pues bien, si miramos el panorama internacional a través de los medios de todo el mundo, la situación queda como sigue: la crisis económica nos deja sin el dinero y la gripe del cerdo nos deja sin la salud.

Así que sólo nos queda el amor, o ya ni siquiera eso, porque hasta los que parecían los más fuertes caen (que dicen los corazoneros que los Brangelina están a punto de separarse).

Por eso mejor hacer caso a la canción, y el que tenga un amor, que lo cuide.